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Análisis: A Game of Dwarves

Algún pinito hice en su momento con Dwarf Fortress, un roguelike de profundidad extrema que, aunque visualmente utilizaba arcaicos gráficos ASCII, fue lanzado valientemente en 2006. Aquello nos proponía gestionar y ampliar un asentamiento minero enano sin ningún objetivo previo, simplemente disfrutar por el hecho de encontrar riquezas y expandir nuestros dominios hasta que algún desastre nos destrozase el chiringuito, ya fuera una inundación al abrir una bóveda de agua, un ataque masivo de goblins o un incendio descontrolado. Aquella engorrosa propuesta, aunque reveladora, no era del paladar de muchos, así que era cuestión de tiempo que alguien retomase la idea de una forma más asequible. A Game of Dwarves intenta ir por ese camino, aunque no se arriesga todo lo que hubiera requerido tal empresa.

Realmente hay enormes diferencias entre este juego y el mencionado como ejemplo en cuanto a sus aspiraciones. A Game of Dwarves es mucho más humilde en su concepción, enfocado a la realización de misiones predefinidas independientes y correlativas en vez del disfrute de un entorno aleatorio. Más Dungeon Keeper que Minecraft, aunque bien mirado, tiene detalles de ambos. Los credenciales, de entrada, eran buenos.

Se trata de una gestión indirecta de recursos y acciones que se centran en lo ya mencionado, ir ampliando nuestra mina mientras excavamos y almacenamos recursos con los que ir superando los objetivos de cada escenario. No manejamos a los monigotes ni les marcamos el camino a seguir, sino que simplemente marcamos la tarea a realizar (ya sea cavar una zona concreta de la pantalla o construir algún objeto) y el enanito de turno capaz de hacerlo se dirigirá al lugar y se pondrá a ello.

Actividades hay un buen puñado: desde cultivar alimentos para dar de comer a nuestro pueblo hasta poner bonitos nuestros aposentos con adornos de todo tipo, pasando por la construcción de trampas, investigación de nuevas habilidades e incluso la administración eficiente de tareas para mantenerlos a todos felices y que no se estresen mucho picando piedra todo el día. Todo esto está aderezado con la necesidad de evitar que nuestro líder fallezca, por lo que tendremos que defender nuestros dominios de las criaturitas de las profundidades que encontraremos por el camino a medida que encontremos nevas grutas.

Sobre el papel suena de rechupete, pero el problema es que a la hora de la verdad toda esa infraestructura cojea al no plantear desafíos verdaderamente exigentes, por lo que la mitad de posibilidades ni se usan más allá de echarles un ojo por mera curiosidad. Los escenarios son fijos, y se basan en ir alcanzando con nuestros túneles nuevas zonas, por lo que aunque tenemos cierta libertad en cuanto a nuestra evolución y desarrollo, todo se resume en un cometido final que tarde o temprano nos hará pasar a la siguiente misión desde cero. De modo que, si tan fugaces son nuestras edificaciones, ¿para qué entretenerse aclimatándolas con tanto esmero?

El otro inconveniente de la experiencia es que el sistema de gestión no resulta todo lo gratificante que debería, y casi supone más un tedio el ampliar nuestra red de túneles que una satisfacción. Esto es debido a que podemos edificar en cualquier dirección, por lo que existirán varios planos en el eje Z que nos volverán un poco locos a la hora de apreciar las bóvedas ya que ni se ve el techo de estas ni se intuyen a priori los niveles inferiores salvo que pulsemos las teclas correspondientes para cambiar de altura. Una engorrosa interfaz con una cámara demasiado tosca que no hace lucir todo lo que debería al simpaticón apartado visual del juego.

El tercer handicap es algo más preocupante. A medida que edificamos galerías, los escenarios se volverán cada vez más angostos si no somos metódicos en esta tarea, por lo que es bastante común que cuando tenemos a un montón de enanos deambulando por el lugar, no caigamos en la cuenta de que tenemos algunos de ellos atrapados en un agujero del que no pueden salir al haber cavado hacia abajo a riesgo de que la espichen por inanición, teniendo que estar construyendo constantemente escaleritas para que puedan salir de los atoros. Y muy listos no son estos regordetes, porque cada dos por tres están tirándose por donde no deben y dando vueltas por zonas que no les atañen, por lo que al final pasamos demasiado tiempo gestionando estas engorrosas minucias que deberían solventarse de una forma mucho más natural.

Quizás ese es el verdadero problema de A Game of Dwarves, que no resulta fluido, y su dinámica no está completamente equilibrada. Si bien ofrece un montón de posibilidades de gestión y administración, en muchos casos no sirven para nada, cosa que resulta más dramática cuando tras varios escenarios superados vemos que los desafíos son muy parecidos y su superación pasa siempre por los mismos pasos sin demasiadas estrategias a trazar más allá de compensar el número de enanos soldado con respecto a los constructores, mineros y demás especializaciones. Una cosa era simplificar una idea a priori suculenta y otra dejarlo tan en volandas que no exista apenas margen de maniobra. Esto, en un videojuego de estrategia y gestión de recursos es una cosa muy chunga.

Por todo esto, recomiendo A Game of Dwarves a todo aquel que busque experiencias distendidas en vez de desafíos exigentes. No es Minecraft, aunque su mecánica de cavar por pura curiosidad y encontrar recursos escondidos está ahí. Tampoco es Dungeon Keeper aunque recoge algunos retales de aquel en cuanto a ir descubriendo mazmorras y gestionando a nuestras tropas. Y por supuesto, no estamos ante un Dwarf Fortress al tener unas posibilidades y libertad de acción mucho más limitada Esto, simplemente, es un juego de enanos.

Gestionando excavaciones de enanos avariciosos
  • +0
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    War for the Overworld, la revisión de Dungeon Keeper que aprueba el propio Peter Molyneux
    Recluta
    9 enero, 2013

    [...] a los recientes Dungeons (distribuido en España por FX Interactive) o A Game of Dwarves (del que Raúl os habló en su momento). Ninguno, sin embargo, ha recibido los honores que sí ha logrado War for the [...]

Fuego cruzado, ten cuidado donde apuntas.