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Análisis: Assassin’s Creed III

Si en un futuro lejano alguien preguntase cual podría ser el juego más representativo de la arcaica y destartalada séptima generación de consolas – o lo que es lo mismo, la actual -, sin duda sería la saga Assassin’s Creed uno de los mejores candidatos para servir de embajador de aquellos tiempos. No ya por sus bondades lúdicas, sino porque cumplía a rajatabla algunos de los requisitos de potabilidad propios del medio moderno: innovación, excelencia audiovisual, disposición en varias plataformas y un tentador atractivo durante los meses previos al lanzamiento. De hecho, la obra de Ubisoft casi puede considerarse uno de los promotores contemporáneos del concepto de “hype” (quizás con permiso de algunos juegos previos de Peter Molyneux) cuando se vieron por primera vez aquellas imágenes que nos parecían prometer un GTA ambientado en las Cruzadas.

Al final la cosa no resultó como se esperaba, aunque con los años y macerándose lentamente, la saga ha llegado a alcanzar un estatus de supremacía en nuestra industria que ya quisieran otros productos mucho más redondos. A fuerza de secuela, las batallitas temporales de Desmond Miles y sus antepasados han ido perfilando sus carencias potenciando sus puntos fuertes, camino que nos lleva a la actualidad, cuando se lanza por fin el ambicioso Assassin’s Creed III, posiblemente techo de lo recorrido hasta ahora y último estandarte de esta generación. Ir más allá en el futuro significará evolucionar por otros derroteros.

La mejor forma de evolucionar ha sido basándose los referentes más obvios. Lo que inicialmente no salía de ser un simulador de parkour for dummies inevitablemente tenía que arrimarse a las mecánicas que más casaran con el concepto y que se integraran con el planteamiento. La melancolía y rudeza de la Guerra de la Independencia huele a John Marston y Rockstar Games que tira para atrás en un intento por humanizar y dinamizar a unos personajes y situaciones que hasta ahora siempre han parecido demasiado prostéticos y distantes. Centrarse en las miserias de una Norteamérica en pleno conflicto bélico hace que sin duda estemos ante la mejor obra de cuantas ha realizado Ubisoft con la saga hasta ahora.

Esto es una faraónica producción que hay que rumiar con calma, como un serial de sobremesa espeso pero terriblemente atractivo que seguimos por pura inercia al deleitarnos con el infalible recurso televisivo del “camino del héroe” en el el que a fuerza de seguir los pasos del protagonista, acabamos encariñándonos con él y su destino. Para que se hagan una idea, los créditos del juego no aparecen hasta pasados 45 minutos desde que hemos comenzado con él, mientras que la “verdadera historia” arranca a las tres horas, como si todo lo anterior hubiera sido un liviano tutorial cuando el realidad casi podría considerarse un juego completo de por sí. Pero es que casi dan náuseas y mareos cuando somos conscientes de las escala de los mapas a recorrer y lo que es capaz de abarcar la epopeya, sobre todo cuando a partir de las ocho horas  nos damos cuenta de esa magnitud y nos ubicamos en el mundo que por fin se abre verdaderamente ante nosotros.

Ya pasaba en entregas anteriores, quizás todavía excusándose por las repetitivas mecánicas del primer Assassin’s Creed y las críticas que suscitó. Ahora estamos constantemente descubriendo nuevas cosas por hacer, ya sea cazar, sincronizar con las sempiternas atalayas del mundo, recoger objetos ocultos, surcar los mares y tener batallitas navales, mejorar y expandir nuestra base de operaciones y otras tantas tareas ociosas que aderezan la ya de por sí enorme historia principal. Lo mágico de todo este asunto es que no nos hacen realizar estas tareas por narices, presentándonos tan solo levemente. Si queremos hacerlas estupendo, si no, pues tampoco pasa nada. Justo eso es lo que más requiere la saga aún resultando algo opuesto a la naturaleza de la saga.

Sin desvelar mucho a los escasos usuarios que desconozcan de qué va el asunto, en Assasin’s Creed vivimos recuerdos del pasado, por lo que aunque se nos presente el tinglado en forma de sandbox, los acontecimientos se suceden secuencialmente y no existen alternativas o decisiones a tomar, simplemente vamos de un lugar a otro como pollos sin cabeza desarrollando la historia que enlaza a todos los juegos y cuyo nexo es el propio presente desde el que se accede a distintas épocas históricas. Por eso, aunque el cuerpo nos pida relacionarnos de una forma más orgánica con el mundo, sigue existiendo una especie de fachada invisible que evita esa inmersión total.

De hecho, las misiones se catalogan como “secuencias” que podremos realizar todas las veces que queramos para conseguir cumplir requisitos adicionales con los que aumentar nuestro nivel de sincronización, que tampoco les voy a explicar pero fundamentalmente nos inducen a acumularlos realizando todo tipo de tareas, incluidos los mencionados desafíos extra. Además, las secuencias cinemáticas y el desarrollo de la historia se sucede de forma abrupta, teletransportando más de lo necesario a nuestro monigote de un lugar a otro, cambiando la hora del día y su iluminación según la escena y sufriendo demasiados tiempos de carga que nos desconectan (¡qué bien traído!) de la experiencia.

Pero no se asusten. Todo esto son minucias ante un culebrón muy bien hilvanado que se extiende y ramifica entre diferentes lugares, personajes y situaciones con ese olorcillo a serie de televisión que antes les he mencionado. Acontecimientos que van ocurriendo a medida que van pasando meses y años en la cronología, personajes que regresan al juego tras muchas horas sin saber de ellos, giros en el guión y en definitiva, una carga argumental que supone un crescendo hasta alcanzar revelaciones que llevan arrastrándose desde lo descubierto por Ezio y Altair. ¿Pero saben cual es el mejor síntoma para comprobar que el juego ha realizado bien su cometido? No queremos abandonar la revolución estadounidense y lo que suceda en la realidad casi nos importa un comino. Si me apuran, el resultado sería el mismo si se obviara toda la imaginería externa que cohesiona a la saga, pero mejor dejamos esas cavilaciones para otro día.

Estas sensaciones se deben a que por fin tenemos un mundo orgánico en el que las calles de las grandes ciudades emanan vida, la milicia no es estúpida y el pasar desapercibido resulta tan satisfactorio como enfrascarse en un berenjenal multitudinario. Vaya por delante el hecho de que siempre he sido un detractor del “press X to win” de la saga y ese automatismo a la hora de escalar estructuras y realizar cabriolas de todo tipo. No ha sido hasta este momento en el que verdaderamente tiene sentido que se prescinda de nuestra propia habilidad a los mandos para realizar movimientos dada la cantidad de material lúdico que alberga el resto de la experiencia. Al juego no le hace falta eso para resultar muy divertido de por sí, y eso es todo un logro.

Assassin’s Creed III es espectacular, longevo y por sorprendente que parezca, enormemente variado. La mayoría de tareas que se nos presentan resultan atractivas y placenteras. Aunque pueda faltar algo, no sobra nada en absoluto. Escapar de guardias por los tejados de una gran ciudad colonial es divertido, pero también lo es subirse a los árboles y cazar ciervos salvajes con nuestro arco, espiar a enemigos fundiéndonos con la multitud o despachar a una docena de soldados a golpe de hacha. Todo ello se funde en una experiencia conjunta que va fluyendo a lo largo de este cuento dentro de un cuento en el que el contenido brilla por encima del ya desgastado continente. Connor ha vencido a Desmond y trascendido como historia independiente y redonda. Si alguien quiere engancharse a la saga, es el mejor momento para hacerlo, incluso si ya no vuelve a hacerlo nunca más.

El amanecer de una nación. La culminación de una saga.
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    Janfrey
    Recluta
    13 noviembre, 2012

    Creo que los juegos están dejando de ser juegos y se han convertido en novelas interactivas. La cosa no va ya de aprender una habilidad y ponerte a prueba, la cosa va de las horas que le eches. Los AC tienen una dificultad menor o igual a uno, lo único que puedes decidir es si quieres hacer las misiones secundarias o ir directamente a las principales. Estoy con el Dark Souls atascado porque soy malísimo, da igual las horas que le eche, o mejoro o no avanzaré, da gusto hoy día ver juegos así.

  • +0
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    Borja Sanchez
    Soldado destinado
    13 noviembre, 2012

    No me gusta. ME ENCAAANTAAAA!!!!!

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    Alex Von Villiers
    General de División
    13 noviembre, 2012

    Habrá quien lo odie y habrá quien lo adore, eso como todo.

    A mí me ha parecido magnífico, la mejor culminación de Assassin’s Creed que han podido buscar y encontrar. No me ha gustado tanto el final del juego y tampoco me hace demasiado chiste que pretendan seguir explotando el título Assassin’s Creed (se viene en camino según ubisoft un ACIV) sin el protagonista de nuestros tiempos, Desmond Miles.

    Sin duda alguna han sabido traernos otro buen título, a mí toda la saga, incluído el ACI, Bloodlines y toda la saga de Ezio me ha causado impresión y admiración. Empecé años atrás a odiar a Ubisoft pero se han ganado la redención con estos juegazos.

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    Mugen
    Recluta
    15 noviembre, 2012

    Prffff…. y yo aún tengo toda la saga sin catar esperándome en la ludoteca, no sé por qué pero me da una pereza la saga… Con lo que me van a mí los culebrones bien hilvanados!

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    Julio Alberto Garcia Lopez
    General de División
    9 diciembre, 2012

    El AC1 fué una bomba de juego, con el sistema de escalada totalmente novedoso que permitia al personaje agarrarse a cualquier salente en las fachadas de los edificios. El AC2 tuvo una mejoría asombrosa en cuanto a jugabilidad, se incluyeron vehículos (fantástica la máquina voladora de Da Vinci) y nuevos movimientos, haciendo el juego más divertido de lo que era. El resto de la saga ha sido todo una copia barata del AC2, no aportaban absolutamente nada nuevo, incluso metieron novedades que disgustaron a a la gente (véase el modo estrategia para defender las guaridas), una decepción total.

    Esperemos que Ubisoft se haya puesto las pilas con este último AC y dejen la saga en una buena posición. Aunque viendo como van a explotar la franquicia (al estilo Call of Duty, uno por año) al final acabarán cansando y haciendo de lo que podía haber sido una trilogía épica para el resto de los tiempos, un copy/paste año tras año como los juegos de fútbol.

    He dicho… :)

Fuego cruzado, ten cuidado donde apuntas.