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Análisis: Hitman: Absolution

En Hitman: Codename 47, el primer título de la saga, hay una misión en la que el Agente 47 debe entrar en un hotel de cinco estrellas para asesinar a su objetivo. Es posible cruzar el arco detector de metales escopeta en mano, avanzar cual ángel exterminador hasta la habitación del objetivo, y asesinarlo junto a todo el personal de seguridad y sus guardaespaldas. Eso, o podemos entrar al edificio desarmado, disfrazarnos de botones, colarnos por el balcón de la habitación del objetivo, matarlo mientras se ducha y colgar un cartel de “no molestar”. Esa es la esencia de Hitman: tener en la mano izquierda la posibilidad de ser un loco homicida y en la mano derecha la de ser un fantasma. Y esa también es la esencia que Hitman: Absolution consigue mantener durante casi toda su campaña.

Pese a mantener el mismo espíritu de libertad durante las misiones, la historia de Hitman: Absolution tiene un carácter más personal que el de juegos previos. Los trabajos fríos e inconexos en los que debíamos acudir a distintas partes del mundo para acabar con la vida de nuestros objetivos han sido sustituidos por una serie de misiones que rara vez nos llevarán más allá de la América profunda. En consecuencia, rusos, colombianos, chinos y demás enemigos de títulos anteriores han dado paso a agentes de seguridad y catetos americanos de gatillo fácil. Al principio resulta extraño que nuestro principal enemigo sea un vaquero moderno de los de corbata de bolo y tabaco de mascar, pero a medida que avanza la historia la cosa va cobrando algo más de sentido. Tampoco demasiado, eso sí, porque el guión roza por momentos el absurdo más vergonzoso, pero lo suficiente como para que sepamos, más o menos, por qué estamos haciendo tal o cual cosa.

El Agente 47 de Absolution, como no tardamos ni cinco minutos en comprobar, es un ser bastante más humano que el de títulos anteriores. Aquel calvo con muchos menos polígonos pero idéntica elegancia era un profesional que, misión a misión, iba avanzando inexorablemente hasta el desenlace del juego como si fuese una suerte de robot asesino incapaz de cometer errores. Este, sin embargo, quizás por demostrar sentimientos y debilidades en una profesión que no los consiente, se ve envuelto desde el principio en algo más que simples encargos. De esta forma, los tradicionales informes en los que recibíamos la información sobre el terreno, nuestra misión, nuestros objetivos y nuestra recompensa; han sido sustituidos por escenas de vídeo que conectan las aventuras y desventuras de 47. Esto da lugar a un desarrollo bastante más fluido y orgánico, que encaja con el nuevo y más humanizado protagonista.

En cualquier caso, y por muy exquisitos que queramos ponernos, tanto la historia como los personajes siempre han estado en un segundo plano en una franquicia donde lo importante no es el por qué matamos, sino el cómo matamos. Y será posible, dependiendo de la misión en la que nos encontremos, hacerlo de muchas formas diferentes. A los clásicos disparo en la nuca o rotura de cuello, se les unen el “accidente de laboratorio”, el cóctel con matarratas, la caída por el balcón, o la ingesta de pescado envenenado, entre otros. Ser creativo a la hora de matar, además, no solo nos recompensará de forma directa porque es sencillamente más divertido que repartir escopetazos a diestro y siniestro; sino que nos hará recibir mejor puntuación al final de la misión en cuestión. Y esta puntuación no es un simple número puesto ahí para que lo mezamos en nuestro ego personal, sino que pasará automáticamente a las tablas de clasificación online, para que podamos pavonearnos ante todo el mundo.

Este sistema de puntuación es una de las grandes novedades de Hitman: Absolution. En todo momento podremos ver nuestra puntuación actual situada en la esquina superior izquierda de la pantalla. Ésta se verá afectada por todas las acciones que cometamos. Recoger evidencias y cumplir determinados objetivos nos proporcionará una gran cantidad de puntos, pero por cada persona que no sea el objetivo al que noqueemos o asesinemos, los perderemos. Siempre podremos esconder los cuerpos en armarios y demás espacios habilitados para tal efecto para recuperar algunos puntos perdidos. Además, cada misión tiene entre una decena y una treintena de objetivos secundarios que van desde coger diferentes objetos y armas repartidos por el escenario, hasta cambiarse de ropa al menos cinco veces (o no hacerlo ninguna). Contrastando con la novedad de este sistema de puntuación encontramos prácticamente todo lo demás dentro de la mecánica de Hitman: Absolution, donde el sigilo sigue siendo lo más importante. Lo ideal, de hecho, es poder terminar las misiones sin ser visto por ningún enemigo y cometiendo el asesinato de turno de manera que parezca un accidente. Aunque lo ideal, claro, normalmente no es lo más sencillo.

Para aportar algo más de sustancia al modo historia, que de por sí puede durar sus buenas quince horas, Hitman: Absolution añade el llamado modo Contracts a la mezcla. Esta modalidad de juego, totalmente independiente de la campaña, ofrece una serie de misiones adicionales ambientadas en las mismas localizaciones que ya hemos jugado, pero con objetivos totalmente distintos. Al terminarlas, tal y como ocurre en el modo historia, recibimos una puntuación total que se sube automáticamente a Internet para que podamos compararla con la del resto de jugadores de todo el mundo (o solo con nuestros amigos, si también juegan). Lo mejor: podemos crear nuestros propios contratos, algo que consiste básicamente en trazar una misión para que el resto intente llevarla a cabo como nosotros.

Al contrario de lo que muchos temían, Hitman: Absolution consigue mantenerse fiel a la saga y ofrece exactamente lo que se esperaba de un videojuego con su nombre. Es cierto que hay muchos elementos mejorables y que al juego en general y al motor en particular no les vendría mal una buena capa de chapa y pintura. Pero incluso sin ella, con una historia confusa, alguna que otra misión de más, y unos personajes olvidables (siendo generosos), Absolution hace un trabajo excelente para meterte una vez más en la piel del asesino más implacable del ocio interactivo. Además, pocos juegos te dan la posibilidad de disfrazarte de espantapájaros y asesinar monjas en un campo de maíz.

Humanizando al frío asesino
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    responder
    El Pol Lumbreras
    Soldado destinado
    7 diciembre, 2012

    Juegazo!! Se me hizo un pelo corto por eso. Pero Lo recomiendo!! Sigilo, acción y picardia…

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    responder
    Rafael Alcolea Martinez
    Soldado destinado
    17 diciembre, 2012

    estoy deacuerdo ,a mi tb se me hizo corto

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    responder
    Jandrox
    Recluta
    27 diciembre, 2012

    No estoy de acuerdo, Hitman ofrecía mucha más libertad de acción en juegos anterirores como es el caso de “Blood Money”, le han faltado diálogos con otros personajes dentro de una misión, poder usar más elementos del escenario y le sobraban otras muchas cosas, como por ejemplo, el poder portar un arma enorme y guardarla sin problemas, algo que en juegos anteriores se corregía portando un maletín y que en éste le resta realismo.
    Esperemos que éste juego sea un simple boceto de lo que podremos ver en generaciones futuras y mejoren todos esos detalles. Aún así, Hitman sigue siendo una de las mejores opciones a la hora de elegir diversión, sigilo y estrategia.

Fuego cruzado, ten cuidado donde apuntas.