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Análisis Risen 2: Dark Waters

Piranha Bytes tuvo y retuvo. Los tres primeros Gothic siempre quedarán para la posteridad por mucho que acabaran perdiendo la licencia y se embarcaran en aquella irregular secuela espiritual que fue Risen. Lo mejor que pueden hacer es flashear sus mentes y pensar en este Risen 2: Dark Waters en algo distinto por mucho que algunos débiles lazos argumentales lo aten a su antecesor. Desglosen esta nueva entrega quitando todo el bagaje anterior del estudio tanto en lo bueno como en lo malo y céntrense en las nuevas bazas que se presentan: Piratas, exploración y versatilidad en el estilo de juego.

Hablar de piratas a estas alturas puede dar pie a que creamos estar ante el enésimo aprovechamiento del filón que supuso para el público el revival corsario de los últimos años que trajo Piratas del Caribe, pero no van por ahí los tiros de trabuco. La cosa se rige por referencias y guiños a los hábitos más clásicos del género e incluso se permite tomar licencias del humor instaurado por el género por Gilbert y Schafer en sus Monkey Island. No hay monos con tres cabezas, pero sí que la cosa gira en torno a hechizos vudú, loros como mascota e islas encantadas con espíritus de ultratumba, maldiciones y criaturas de las profundidades. Solo por el sugerente universo que se nos presenta ya merece la pena el esfuerzo que supone el beneficio de la duda.

Nos ponemos a explorar el mundo en una exponencial apertura del mismo que comienza en íntimas y anodinas misiones en una pequeña y recóndita colonia isleña para pasar a una epopeya que nos llevará por varias islas a bordo de nuestro barco, con una tripulación que dirigir y unos objetivos de altos vuelos buscando la forma de salvar al mundo de los titanes, enormes monstruos que sirven de gancho con lo sucedido en el primer Risen.

Risen 2 combate en la jungla

El tercer gancho de la experiencia es la versatilidad a la hora de solventar conflictos y avanzar en nuestro periplo. Risen 2: Dark Waters es un RPG muy sobrio, recio en mecánicas y crudo en su progresión. Cada subida de nivel y distribución de puntos entre habilidades es una odisea tanto por lo que cuesta prosperar como por el quebradero de cabeza a la hora de decidir qué vamos a potenciar. No es lo mismo robar un tesoro entrando sin que nos vean en donde éste se alberga que liquidando a todos los que la custodian, aunque también podríamos convencer a sus propietarios para que nos lo den, ya sea por nuestra labia, por nuestra capacidad de comercio o lanzando un conjuro vudú que los confunda. Aunque igual preferimos que nuestro mono amaestrado lo haga por nosotros. La clave está en que como no se puede ser maestro de todo, hay que hilar fino con nuestra evolución.

Quizás todo este entramado de posibilidades quede más frío de lo que parece al plasmarlo en papel. La gente de Piranha Bytes son unos buenos currantes, pero por mucho que se esfuercen siguen siendo alemanes. Alemanes rubios y blancos que no casan con el ritmo tropical y la sugerente ambientación en la que se han metido. Les estoy metiendo mucha lírica en la explicación, pero ese es feeling que queda tras jugar al juego. El rollo caribeño, con sus palmeras, sus guaridas pirata escondidas en una pequeña cala y la exploración de frondosas junglas resulta embriagador, pero la resolución de los enigmas propuestos no es tan orgánica y compacta en su conjunto como uno esperaría en un juego tan abierto como este.

Esa sensación de rudeza también tiene tanto cosas buenas como malas al jugar. Echaba de menos esa sensación de verdadero peligro al recorrer el mundo, de entrar en una cueva perdida en lo más profundo de una isla por el mero placer de explorar y que un enorme leopardo me peque un zarpazo que me deje tibio. No hay autonivel ni avisos de ningún tipo, por lo que la crudeza del entorno nos hará aprender dónde podemos entrar y dónde no, dándole un verdadero incentivo a la progresión de nuestro personaje, cosa que me ha hecho perdonar algunas carencias en el control del personaje y en la forma de encarar los combates, donde en demasiados casos prima más la suerte que nuestra pericia por culpa de unos enemigos poco compensados. Una contienda puede resultar un rotundo fracaso o un paseo sin que modifiquemos nuestra táctica de un intento a otro. Ya depende de cada uno el evaluar si tal cosa le supone una tara demasiado grande. En mi caso, las tras bazas que les he mencionado antes maquillan estos problemas, pues para darme tortas y sufrir peleando hay por ahí otras alternativas mucho más enfocadas a ello.

Risen 2 puerto pirata y barco

Tras haberles hablado de todas estas generalidades, ahora viene el asunto de matizar las plataformas. Si les estoy hablando de Risen 2 a estas alturas tras su lanzamiento en PC hace ya cuatro meses es porque acaba de ponerse a la venta su edición para Xbox 360 y Playstation 3, siendo este retraso necesario para, según sus creadores, realizar una digna conversión que adaptase su juego de la mejor forma a estas plataformas. Más allá de que se hayan integrado algunos contenidos extra que en compatibles se parieron como material descargable, la adaptación ha sido bastante desastrosa.

Si bien servidor se ha pateado de cabo a rabo la versión de PC, mi compañero Pablo Barce está haciendo lo propio con la de consola, y las comparaciones han cavado un abismo entre plataformas. Dada la naturaleza del juego, éste puede permitirse dejar en un segundo plano el apartado gráfico, pero aún con el evidente salto tecnológico entre ellas, son bastante acusados los recortes que se han realizado. Una frondosa jungla se convierte en una orgía de dientes de sierra y churretes borrosos que rompen hasta cierto punto la inmersión. Pero es que además las variaciones se ha extendido al plano jugable, sufriendo varios bugs que aunque en ningún caso resultan críticos, no ayudan a meternos en faena. Animaciones que no se ejecutan, objetos en las manos de los personajes que aparecen y desaparecen o enemigos atascados en infranqueables arbustos están siempre ahí, por darles algunas pinceladas.

El control en cambio no se ha resentido. De hecho, la versión de PC ya permitía disfrutarse utilizando un gamepad, por lo que la traslación ya estaba encauzada desde el principio, resultando en algunos casos incluso más cómoda que usando teclado y ratón, por mucho que los puristas me tachen de hereje. Ya les he dicho que la frontera del irregular combate puede resultar una traba a la hora de darle las bendiciones a Risen 2, pero los usuarios de consola, además de aquello, deberán lidiar con estas otras faenas si pretenden sacarle el jugo a las más de 50 horas que puede dar de sí la aventura. No todo el mundo está hecho para sufrir, y de hecho la conversión que se realizó al primer juego también tuvo su ración de críticas. Estos alemanes siguen sin pillarle el punto al asunto cuando se salen de la comodidad de sus compatibles.

Risen 2 puerto costero playa

No hay ni la más mínima duda, la versión de PC es superior en todos los aspectos a la de consola, que acusa demasiados achaques como para poder medirla con el mismo baremo. En este mundo de constantes parcheos y arreglos post-lanzamiento es posible que esos incomprensibles problemas se resuelvan a posteriori del mismo modo que en compatibles se realizaron bastantes arreglos al producto final. Aparte de la desoladora comparación gráfica y los berenjenales técnicos, estamos ante el mismo juego. Como ya les he dicho, de cada uno depende de si la suma de lo bueno y lo malo les sale positiva. Si siguen a estas alturas de la vida rigiéndose por una anodina valoración numérica, réstenle los consoleros un puntito a nuestra nota final, aunque en casos tan subjetivos como este ni la parrafada más barroca podría hacer ver la luz al dubitativo.

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