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La culpa es de otro

Hace unas semanas leí que investigadores de la universidad de Alcalá habían realizado un estudio acerca de los beneficios del videojuego como promotor de la integración social y la mejora de las capacidades comunicativas en niños y adolescentes. Dicho experimento consistió en monitorizar a varios chavales de 14 y 15 años mientras jugaban a Los Sims 3 y hacían uso de diferentes redes sociales como complemento a su experiencia. Los resultado al parecer fueron excelentes, y los participantes respondieron positivamente a la propuesta, colaborando entre ellos y buscando nuevas estrategias de juego de forma colaborativa.

¡Qué bonito es esto de la interacción y unificación de la red como sistema globalizado y participativo! Esa capacidad para interconectar a usuarios y unir lazos de forma inmediata es el súmmum de las posibilidades de Internet. Una revolución tecnológica, en serio. Lo que no está tan bien es que nos quieran meter todas estas cosas con calzador, al menos en determinados campos.

Aquí el que más y el que menos empezó a flirtear con Internet a finales de los 90, al otro lado del charco un poquito antes. Todo era un terreno inhóspito del que muy poquitos podían sacar partido. Me acuerdo muy bien de mis primeros pinitos en el mundo del videojuego online con Ultima Online y Everquest, amén de aquellos intentos de jugar a Counter Strike que quedaban en agua de borrajas por culpa de esas conexiones de 56k que iban en triciclo. Todavía me entran cosquillas con el cogote cuando pienso en lo alucinante que era entonces eso de interactuar con gente de todo el mundo y por qué no, la apertura de mente que fue eso de conversar con gente de otros lugares con diferentes hábitos y costumbres. Como un Erasmus de bolsillo.

Pero llegó el siglo XXI, y cogidita de la mano, el pelotazo de las telecomunicaciones. No tener Internet era como no poseer un smarthphone a día de hoy, una gilipollez de necesidad que la propia sociedad ha alzado como imprescindible, aunque con los años verdaderamente ha mejorado la vida de la gente en muchos aspectos. El problema viene cuando no se alecciona bien al usuario para hacer un uso responsable y coherente de la tecnología.

Aunque ya estandarizado, me sigue chocando y asustando enormemente que un crío con menos de 10 años navegue por Internet, tenga cuenta en Tuenti y juegue a World of Warcraft. Durante la última década hemos vivido una franja generacional bastante curiosa y preocupante. El uso nuevos medios de expresión, al igual que en su momento pudo ser el rock&roll o incluso la literatura, siempre se ha asociado a mentes jóvenes y receptivas. Esos niños tan pequeños que trastean con la red tienen padres que por norma general no han llegado a comprender el uso que se le debe dar al no haber vivido el boom de la última década con tanta intensidad como sí han hecho los más jóvenes, por lo que no son capaces de tutelar a sus descendientes sobre cómo y en qué medida utilizarla. Los que a día de hoy están en edad hijos han vivido con este florecimiento tecnológico, y supongo (y espero) que sabrán lidiar con el problema que he planteado cuando les llegue el momento.

El estudio antes mencionado reivindica el videojuego online, pero vamos a leer un poquito entre líneas, pues resulta que Electronic Arts esponsoriza dicha investigación. Qué curioso, ¿no? Puede que jugar a Los Sims resulte inofensivo a priori, pero el bombardeo de información basura a las redes sociales tal vez no lo sea tanto. Ahora bien, ese chaval que juega en casa dudo mucho que vea mediatizadas sus partidas online con lecciones didácticas por parte de de los que le rodean. También cuestiono que su padre le inste a reflexionar sobre la “responsabilidad” de controlar a un avatar en un simulador de vida virtual, lo cual me lleva a pensar que los videojuegos en sí no son o dejan de ser positivos para crear hábitos sociales saludables en un niño, ya que ese papel recae sobre la propia consciencia y aptitud del jugador. Y eso no lo enseña EA o un catedrático con una cámara de vídeo, lo enseñan sus padres y profesores.

Por eso me hacen tanta gracia las alarmistas noticias que vemos cada dos por tres en los medios sobre adolescentes que ven truncadas sus vidas por enclaustrarse en sus dormitorios machacándose con jueguecitos online. Pero me río en igual medida de las réplicas en contra que los defienden como herramienta revolucionaria y factor decisivo en la formación de una persona. Ojala llegue el día en el que pueda leer como titular en un periódico algo como “Tu hijo pequeño ve pornografía en Internet y pasa 8 horas al día jugando, y la culpa ES TUYA”. Entonces empezaremos a mejorar.

Luego cogen las instituciones y no tienen otra cosa que hacer que ponerse a censurar esvásticas y goterones de sangre como si esa fuera la clave del fracaso escolar y la desazón de los jóvenes ante la vida. Vamos, no fastidies. Evidentemente, jamás debería coartarse la libertad de expresión en la red y la forma de utilizar las diferentes redes sociales, pero no estaría de más que la propia industria fuera consciente de lo que está haciendo por culpa de turbios modelos de negocio y tergiversación de lo que en un principio aparenta ser una divertida forma de compartir experiencias.

Pero al final me tengo que meter mi perspectiva por aquel lugar. Los tiempos, queramos o no, han cambiado, y la integración de los videojuegos e Internet en la vida de la gente está ahora presente desde sus primeros años de vida con mucha más intensidad de lo que nosotros pudimos experimentar. Tuve mi primer ordenador con 8 años, mi primera consola a los 10 y conexión a Internet con 17. Las tres cosas entraron en mi hogar por interés propio, y aunque fui autodidacta en cuanto a mi forma de hacer uso de ellos, mis padres velaron hacer que disfrutara de tales aficiones de forma comedida. Ahora todo eso ya viene de serie en el seno familiar, por lo que sigue siendo tarea nuestra que su uso, al igual que el de la televisión o los teléfonos móviles, sea el correcto, con más cuidado que antes si cabe.

Pero ya saben cómo funciona la película. La mejor forma de cubrirse las espaldas es echándole la culpa a otros. Predicadores que ven en los videojuegos al mismísimo Belcebú, congresistas pedófilos que exculpan sus pecados condenando prácticas que no comprenden, repelentes amas de casa de alta alcurnia que lloran desconsoladamente por el mal camino que ha tomado su hijo, sociólogos anclados en otro tiempo que parecen documentar sus opiniones parafraseando a Goebbels. Todos ellos deberían hacérselo mirar. Ustedes y yo mismo también.

 

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    Carlos Aranda
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    30 diciembre, 2011

    Tiene muy buen diseño vuestra web! Tengo 14 años pero se algo de videojuegos… La opción de estamos reclutando gente sirve para menores? En vuestra web? Porfavor contestad!

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    Carlos Aranda
    Recluta
    30 diciembre, 2011

    Es verdad todos echan la culpa a los demás y eso…
    Esta frase que habéis puesto me ha gustado mucho y tenéis toda la razón: 
    jamás debería coartarse la libertad de expresión en la red y la forma de utilizar las diferentes redes sociales, pero no estaría de más que la propia industria fuera consciente de lo que está haciendo por culpa de turbios modelos de negocio 

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    Anónimo
    Recluta
    30 diciembre, 2011

    Buenas Carlos, por desgracia ahora mismo no estamos reclutando. Si tenemos alguna baja te lo haremos saber. 

    Un saludo y gracias por el interés.

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    Carlos Aranda
    Recluta
    30 diciembre, 2011

    Gracias! Pero como arriba ponía la opción de Estamos reclutando solo era una pregunta jeje, ah y que sepais que yo no cobro jeje

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    DaniD
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    5 enero, 2012

    Despues de ver a Alvarito utilizar al Iphone con una maestria asombrosa me entro un temblor que aun me dura. Miedo me da.

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    Nuestras heroínas favoritas, en defensa de Nintendo y risas con el GOTY. All your blog are belong to us (CXXX) - La Isla Buscada
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    6 enero, 2012

    [...] Todos conocemos la clase de acoso mediático que han sufridos los videojuegos, pero tal y como explican esta semana en Atrincherados esta clase de ataques muchas veces son una forma de echar balones fuera para decir simplemente que la culpa es de otros. [...]

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    Nuestras heroínas favoritas, en defensa de Nintendo y risas con el GOTY. All your blog are belong to us (CXXX) | Misiongeek
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    6 enero, 2012

    [...] Todos conocemos la clase de acoso mediático que han sufridos los videojuegos, pero tal y como explican esta semana en Atrincherados esta clase de ataques muchas veces son una forma de echar balones fuera para decir simplemente que la culpa es de otros. [...]

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    Nuestras heroínas favoritas, en defensa de Nintendo y risas con el GOTY. All your blog are belong to us (CXXX) | Noticias del Cerebro Digital
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    6 enero, 2012

    [...] Todos conocemos la clase de acoso mediático que han sufridos los videojuegos, pero tal y como explican esta semana en Atrincherados esta clase de ataques muchas veces son una forma de echar balones fuera para decir simplemente que la culpa es de otros. [...]

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    cyber2
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    8 enero, 2012

    Efectivamente, la tutela de los padres es la clave para el correcto aprendizaje del menor. El problema es la falta de información de estos sobre el mundo de los videojuegos y las nuevas tecnologías en general. 

    Por un lado, muchos adultos siguen pensando que el videojuego es un entretenimiento exclusivamente infantil y ni siquiera se les ocurre que muchos títulos pudieran no ser adecuados para la edad de sus hijos; así se entiende que por este desconocimiento se escandalicen con las noticias sensacionalistas que eventualmente les descubren en algún medio, poniendo como ejemplo algún juego violento o sanguinario.

    Por otra parte, creo que tampoco son conscientes muchos padres del poder de seducción que puede llegar a tener la red y los videojuegos. Igual que hace unos años la sociedad empezó a preocuparse por advertir sobre la necesidad de racionar las horas de televisión al menor para evitar la dependencia que produce, el mismo cuento tendría que aplicarse a los videojuegos.

    Hay una evidente falta de conocimiento por parte de los adultos y se tiene que empezar por el aprendizaje de estos para que sepan educar a sus hijos. Ante la falta de este conocimiento, la alternativa es el sentido común y por desgracia vemos que mucha gente también parece carecer de esto. Pienso que esta carencia es un reflejo de la sociedad en la que vivimos, una de las muchas demostraciones en las que se ven nuestros defectos.

Fuego cruzado, ten cuidado donde apuntas.